Victoria

 
 

Victoria lloraba la segunda vez que pasamos

Paramos camino a Holbox, atraído por la vista de una casa humilde, que contrastaba con lo turístico de la Ribera Maya. Nos recibieron cálidamente desde el primer minuto. Pasamos dos tardes con ellos, Abuelos, nietos y bisnietos. 

Nunca conocimos las razones del llanto de Victoria, nos ofrecieron una explicación falsa para salir de ese impasse. Pero estaba encima de las paredes su pena, por todas partes. Vi la pena de la muerte, que avanza hacia cada uno a paso firme, quizá el paso más firme. Esta no era una muerte con consuelo, con moraleja como se suele ver. Esta era la pena amarga de la muerte, de morir y haber vivido un drama por vida, sin consuelos, sin moralejas. La pena de la muerte, como la caída de la noche encima. 

Victoria fuimos para tí un recado de esperanza, un alivio. Nosotros sin querer serlo. Para nosotros fuiste un golpe de verdad, una invitación a sentir los huesos que llevamos dentro, a sentir la sangre, que se enfría y se entibia, que es un río que fluye sobre un tiempo.