Mi religion del Hielo

Pertenezco a la religión del hielo

donde el norte es blanco y también el sur

donde delego mi futuro al silencio

y mi pasado al viento.

Mis oraciones repetidas me congelan la boca

hablo menos a medida que crece mi religiosidad,

no me muevo mucho más

que las corrientes bajo los témpanos milenarios.

El frío de esta religión

me hace juntar las manos,

entrecerrar los ojos,

pegar las piernas.

El único calor que va quedando

es el del hogar adentro.

En mi religión

la verdad es blanca y la oración azul.

Buscamos que nuestras caras

se pongan azules de plegarias

como cuando miramos de frente la montaña en crepúsculo

o nuestro reflejo en el agua.

La verdad no tiene color

porque aparece cuando todo lo demás se calla

y no queda nada.

Cuando logro cerrar mi boca

y al mismo tiempo juntar mis pestañas

la verdad me mira y me canta.

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