El amor y las imágenes

Mire en menos el amor. Mucho tiempo. Desconocí su fuerza. Miro la vida en términos de su poder creativo y de conocimiento. El amor siempre me pareció un desvío, una pérdida de tiempo. El amor superfluo y condescendiente seguro lo es. Pero el amor profundo para nada. Al contrario. Me gusto el amor en la mirada de Khalil Gibran. El amor te pule hasta los huesos. El amor no te salva las preguntas, te pone de cara al abismo que es la vida. La pareja no está para llenar tus abismos. Esta para mirarlos juntos. Requiere valentía. La valentía de quererse sin pretender ser llenado, y por eso tampoco andar intentando llenar al otro. 

Creo que en el mundo, hay una entrada a poder verlo como es en realidad. Esa entrada al mundo está lejos de conocimiento acumulado, es al revés, es concentrarse en la experiencia de no conocerlo. No implica conocimiento específico, concreto, sino más bien es la experiencia vivida de no conocimiento. Ahí está el mundo, ese rostro negro irreconocible, frente a nosotros, que no se deja reconocer, pero que canta. Lo podemos escuchar. Canta con notas escuchables para oídos humanos. 

Podemos ver el mundo. Como este fenómeno como un meteorito, explotando constantemente en su viaje, en constante cambio por definición, en fricción. 

Sería valioso investigar conceptos que definen su sujeto en proceso, donde la cosa es definida en su proceso de cambio, en constante fricción. Esas son las cosas. Un sustantivo que se desustantiviza al mismo tiempo. 

Eso es el mundo, eso somos nosotros, un algo que cambia constantemente, un algo que es solo cambio. Vemos la foto, un instante, vivimos de fotos, de un proceso congelado en un instante. Eso no son las cosas. Tenemos que ver la película. Como algo partió sin ser aún lo que es y luego su decadencia. El proceso de ser, de llegar a ser. 

Ver la película de las personas. No solo la foto. La película no niega la foto, la imagen. La complementa. La foto sintetiza. Necesitamos des-sintetizar. Disolver. El yo. 

El amor es un potente camino de autoconocimiento. Porque al acortar la distancia, y extender el tiempo, se va borrando la imagen, y aparece lo anterior y lo posterior , lo inmaduro y la decadencia, lo precario además de lo brillante, lo amargo además de lo dulce. Y así es. No lo niega, lo complementa. Es una imagen más rica, más profunda, con más capas. Más cerca al fin a la realidad de la incertidumbre, con más elementos, con más matices, menos definitiva menos clara. Cuando se mira la vida en un nivel ya menos simplista uno es capaz de reconocer que es necesario apostar, porque no hay sendas claras para lograr lo que se quiere. Ahí estamos sobre una imagen un poco más densa, más rica de la vida. La riqueza, la profundidad, implica inmediatamente densidad, que cueste más distinguir. 

El amor esta ligado a la intimidad, y así es fundamental para crear mundos. El amor consiste en crear mundo. El mundo propio. Porque el mundo solo no existe, los conceptos sin otros, el lenguaje individual. Entonces necesariamente hacer mundo es hacer con otros, y con amor. El amor es fundamental para construir mundo.