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Cómo contarle una verdad a un amigo

Que es la realidad amigos míos? Qué es lo real? 

Será lo que ven nuestros ojos? será lo que creemos que está más allá de nuestra vista? Cómo podemos de terminar que algo es verdad y no otra cosa? Que algo que parece evidente será estable en el tiempo? Que lo que es verdad ahora será verdad más adelante? 

Hay cosas que son evidentes para mí, hoy en mi vida, que no requiero comprobar científicamente para creer en ellas. ¿Pero cuando quiero generalizar, cuando un papá quiere decirle a su hijo la mejor manera de vivir su vida, basándose un su experiencia pasada, es realmente generalizable lo que aprendió en su vida como para que se cumpla en la vida de su hijo? Incluso entre amigos, uno eligió un camino distinto al otro, y desde allá le aconseja. Se cumpliría lo que uno espera en la vida del otro. En esas situaciones lo mejor es asumir que nuestra experiencia es limitada respecto de lo que podemos decirle a los demás. 

¿Y cuando llevamos esto a otras esferas de influencia de la vida? Por ejemplo las creencias socio-políticas de una familia, y religiosas. ¿Desde donde viene la fuerza, la seguridad de un predicador de la calle, esa certeza que lo quema y lo hace gritar a la multitud, que dios existe y que es urgente cumplir lo que dicta? Quizá estamos de acuerdo de que esa fuerza viene más bien de un interés secundario, de la necesidad de convencer a otro para no estar sólo en esa fe, o por cumplir el mandato divino para salvar algo de culpa, por sentirse perdido. Eso tiende a pensar uno frente al fanatismo, cuando parece ser por necesidad. Pero en el fondo pareciera que ni hay ninguna certeza ni argumento.

Distinta, más seductora es quizá, la conversación de sobremesa con un religioso que no tiene tanta necesidad de demostrar lo que cree. Pero aún así, cuando ese sacerdote amigo de la familia, quiere convencerme de que me conviene creer en dios y ser religioso, desde donde argumenta? Si nos limitamos a la experiencia personal, y me lo propone como un consejo, humilde, y si estamos de acuerdo de que estamos hablando del plano de la opinión y aceptando las limitaciones de hablar desde la experiencia personal, está todo bien me parece. Pero cuando no, cuando se refiere a algo ulterior que fundamenta su argumento como una verdad objetiva, ¿es efectivamente posible eso?

Porque efectivamente si ambos aceptamos los argumentos como limitados a experiencias personales específicas, y estamos de acuerdo de que no hay manera de extrapolar la verdad de una historia a otra, sino que nada más como una sugerencia sólo posible, entonces un consejo puede efectivamente el poder de influir en mis desiciones y formar parte de mi vida, influyendo a partir de una conversación. Pero aquí yo he tomado libremente una sugerencia externa que no considere como un hecho sino algo meramente posible desde el primer momento. 

Pero qué tipo de afirmación o prueba puede efectivamente ser válida para demostrar que dios existe, o que determinada visión política es la mejor, o si determinada decisión es la mejor que puedo tomar? Estoy hablando de cuando quiero tener certezas y cómo las encuentro. 

Echemos mano a las alternativas. Primero estaría el argumento empírico, científico. Segundo sería la lógica racionalista, que demuestra algo a partir de los principios de la lógica. Respecto al primer camino me gustaría argumentar que lo "observable" es un concepto bastante más extenso de lo que en general pensamos. ¿Qué es lo observable? ¿es lo que vemos con los ojos? ¿Qué es lo que vemos con los ojos? ¿sabemos que lo que vemos no siempre es inequívoco cierto? ¿entonces cómo distinguimos cuando algo es una ilusión óptica por ejemplo? Suele ser la mente la que en general hace esas distinciones. Es interesante el punto de vista del filósofo Berkeley, del siglo XVII en este respecto. El plantea que la distancia no la vemos con los ojos, sino con la mente. Efectivamente, alguien a visto un metro alguna vez? Instantáneamente se nos viene una regla a la cabeza. Claro, esa es nuestra representación física del metro. Si ponemos la regla sobre un pedazo de madera y lo marcamos, ahora estamos viendo un metro de madera. Solucionado. Pero ese metro de madera se estirará y comprimirá con el cambio de las estaciones. No será exactamente un metro durante todo el año. Entonces un metro es un metro sólo en otoño? El metro es un concepto, no está allá afuera. Es una aproximación conceptual infinitamente útil para nuestras vidas, pero no está allá afuera. Las matemáticas tampoco, los números no son un ente observable, comprobamos la legitimidad de las leyes matemáticas a partir de observar sus efectos y las reacciones de los elementos involucrados, con un precisión impresionante de hecho, pero no es lo mismo. Voy a forzar un poco esto. Los cerros, son café o azules? Si subo un cerro, tomo un puñado de tierra café, parece entonces comprobado que el cerro es inherentemente café. Pero si de 24 horas del día, el cerro se ve azul desde lejos durante 14 horas, porque insisto en que es café? Porque está hecho de tierra? Es la vista más cercana al cerro lo que define su color real? O la cantidad de horas que permanece en determinado color? o su composición química? Con qué criterio se determina cuál de estos argumentos es el correcto? No es acaso una elección? o hay un supuesto, un principio fundamental, que determina estas cosas? 

Quiero argumentar, como opinión, como una proposición artística ya, no como un argumento fundamentado empíricamente o desde la lógica, que no hay tal supuesto fundamental ulterior que en última instancia me concede esa certeza completa que anhelo. La única certeza posible es personal, con todas las limitaciones que eso implica. Voy a ir ahora a la argumentación lógica y volveré a esto después para cerrar. 

La lógica funciona a partir de princípios superiores que fundamentan cuando algo es correcto o no, funciona a partir de leyes, como las matemáticas. Pero esas leyes son principios que no se basan en otros argumentos fundamentados sino que han sido elegidos y establecidos como ciertos. Esa es la definición clásica de un principio. Aquí hay una distinción, que abre paso a la tercera manera de argumentar que quiero argumentar luego. Dentro de una comunidad que elige sus principios tiene pleno sentido que los argumentos sean válidos, dentro de esa comunidad. Pero cuando esos principios son generalizados de una manera total, como cuando se habla de lo científico, y probablemente pasa lo mismo dentro de lo jurídico y religioso (que se abusa de lo generalizable de los principios), las mismas bases de un sistema racional lógico se hacen irracionales, ya que se remite a argumentos lógicos basados en principios no argumentado lógicamente. Ahí es donde nunca he entendido la diferencia entre eso, y lo que se llama una tautología. Una tautología es un círculo lógico que carece de sentido. 

Para aterrizar esto a nuestra conversación más coloquial. Si acepto que algo es verdad por una argumentación lógica, acepto los principios superiores sobre los que se basan los argumentos. Si no soy consciente de esto entonces me están imponiendo aquellos principios. Si un principio es que lo racional siempre es más válido que lo intuitivo o emocional, entonces suelo tomar decisiones racionales, convencido de que tendrá mejores efectos. Incluso hasta ahí no hay un gran problema. El problema surge cuando desconozco los principios en que se basan los argumentos que justifican mis decisiones, o también cuando acepto argumentos asumiendo que se basan en principios reales y absolutamente objetivos, cuando más bien la situación es, en las esferas de la vida cotidiana, que son principios elegidos libremente. 

Existe una tercera manera de argumentar, y de hecho es una manera científica, y que me parece válida, a diferencia de las otras dos. Conocí este enfoque en la manera de Francisco Varela de explicar la validez científica. La diferencia entre validez y verdad merece un desarrollo más profundo, pero con la presentación de este enfoque debiese entenderse. Este tercer camino es el de los acuerdos de una comunidad particular, como puede ser la científica. Si una comunidad define en un consenso lo que considera verdad, aquello efectivamente puede serlo, asumiendo que sus proposiciones se limitan a la circunscripción al paradigma de lo que se considera verdad. La comunidad científica puede perfectamente ser eso, como puede serlo también una familia, con su propio paradigma de lo que es mejor, y una cultura. En el fondo, todo lo que estoy diciendo es que hay verdades donde hay acuerdos, y esas verdades lo son para esa comunidad específica, y hace bien en no pretender que otra comunidad distinta, basada en otro paradigma, comparta sus propias verdades. Esa es para mí la solución del conflicto. 

Cuando se cuestiona el tema de la verdad tempranamente se provoca una posición defensiva, por la creencia de que al relativizar las verdades aceptadas, la única otra alternativa es que no haya ninguna otra verdad posible. Eso no es lo que estoy proponiendo. Lo que estoy tratando de hacer es de destacar la importancia de los límites de las verdades, de los paradigmas de verdad. Aceptar esto implica necesariamente aceptar que existen otras comunidades de verdad distintas a las mías. Esto es, otras personas que viven de acuerdo a otras verdades, que tienen otra manera de vivir, que lo que es más importante para ellas en la vida es distinto a lo que es más importante para mí. Esto no niega que tengamos cosas en común, es muy importante que escuches lo que estoy diciendo sin ser extremista. Hay cosas en común, pero no hay necesidad de que todas las cosas sean comunes. Esa necesidad la creó el miedo. Tampoco hay necesidad de que las verdades sean transversales a distintas comunidades de verdad. Quiero proponer de no hay necesidad de verdades universales, absolutas. Incluso más aún, las verdades absolutas y la búsqueda ellas, son negativas, y han generado efectos negativos en la historia. Fue un sueño de la modernidad, de la física clásica, el intentar describir en una fórmula elemental el comportamiento de todo el universo. Einstein propuso que en la parcela más reducida del mundo microscópico las cosas se comportan de otra manera. Creo, sin poder dar argumentos más profundos, que las guerras del siglo XX pueden entenderse desde el problema de una comunidad de verdad tratando de imponerse sobre otra. Lo hacemos todos los días, se llama prepotencia. Y lo que ocurre en la dirección contraria a esto es interesantísimo, la escucha real aparece. La posibilidad de mirar a otro, al menos intentarlo, de ver a otro fuera de mi manera de entender las cosas. 

He comentado 3 maneras de argumentar sobre la verdad, definitivamente merecen mucho más desarrollo, pero no es el lugar para extenderse. Me he presentado en desacuerdo con las dos primeras y de acuerdo con la última, claro que esta última presenta una gran diferencia. La última no pretende encontrar proposiciones generalizables de manera absoluta o universal. Con esto estoy diciendo que considero que no hay manera de justificar una proposición que sea absoluta. No hay manera de fundamentar una verdad absoluta, entonces creo que no existen. O sea, creo que no hay nada que pueda decirse, que sea siempre verdad y estable en el tiempo, independiente de la comunidad de verdad desde donde se plantea, y su contexto social y cultural. Una proposición tiene que aceptar siempre las limitaciones de su contexto y circunscribirse a ellas. No hay nada que podamos decir como cierto de una vez y para siempre.

Aún más, quiero plantear que no necesitamos verdades absolutas. De hecho me parecen nocivas para nuestras vidas. La incapacidad de tener plena certeza nutre y mueve nuestra vida. La vida se parece más a un río que necesita correr, que a un lago. Es la condición de incerteza las que nos mueve a tomar decisiones sobre la línea del tiempo, cuyo fin no conocemos. La muerte, asumida la incapacidad de definir que viene después de ella, echa a correr el tiempo de la vida y da sentido a nuestras decisiones. La búsqueda de certezas hace mezquina la vida, la vida obliga a apostar y jugar sobre la incerteza. Intentar salvarse no es vivir. 

Voy a insistir en que esto no significa que no hayan verdades. Más aún, el reconocer nuestras incertezas, y los límites de nuestras verdades, provocan que abracemos aún con más fuerza y propiedad nuestras verdades. Hay verdades, es un gran valor, completamente necesario, el saber reconocer cuando tenemos la experiencia de certeza. Pero para darle el adecuado valor a esa certeza, debemos saber que esa certeza es mía, de mi vida, de este momento de mi historia y de la historia, y no de todos los tiempos, ni de todas las personas. Las verdades que encuentro en mi vida se limitan a mi vida y morirán conmigo. En esa ruina radica su fuerza. Y con mayor razón debo abrazarla. La necesidad de predicar tu verdad viene del miedo a aceptarla plenamente desde ti mismo como una decisión personal, porque desde este punto de vista finalmente elegimos nuestras creencias. Vivir con propiedad mi manera de ver la vida implica asumir que he elegido mis verdades, que no hay ninguna fuerza que me ha empujado a creerlas, ni ningún ulterior principios. Esto me parece condición para una vida bien vivida. 

En definitiva estoy diciendo que no existen verdades absolutas, que no las necesitamos para vivir la vida, y que de hecho es nociva buscarlas, como es una perdida de tiempo intentar vivir con muchas certezas. Esto no implica que no existan certezas, la experiencia de certeza es innegable. Lo que quiero decir es que las verdades de mi vida son como yo, finitas, arbitrarias, mortales. Y las comparto con una comunidad de sentido o de verdad, que basta y sobra para vivir mi vida con mis verdades y compartir con otros el proceso de reconocerlas y deshacerlas. 

Y porqué he querido decir esto yo con tantas ganas y de dónde argumento yo? Porque me parece que puede ser una clave para explicar muchos conflictos, como cualquier discusión en que en el fondo un punto de vista puede imponerse sobre otro, cuando lo único que puede hacerse es buscar un acuerdo, abandonando la pretensión de que el otro se equivoca en creer algo distinto a lo que yo creo. Creo que esto puede servir para entender las guerras del siglo XX, y las de hoy en día. Lo que viene detrás de esto es de promover una genuina y potente actitud de respeto frente a un otro, intentando descubrir una manera real de escuchar a un otro, donde suspendo todos mis paradigmas de lo que creo que es mejor y correcto para mí, que no por suspenderlo los niego, siguen ahí, pero no sirven para imaginarme a alguien que puede tener otros distintos. Si mi intención es justamente ver algo o alguien distinto de mí, más que comprobar mis supuestos, entonces me parece necesario ese silencio. En el fondo de toda estar argumentación está la búsqueda de una manera real de escuchar. Esa manera de escuchar podría ser una base para hacer las cosas de una manera distinta, una manera de enfrentar las cosas distinta. Creo que tiene hace sentido el recalcar la importancia de escuchar respecto a pensar sobre los conflictos actuales de nuestro mundo. 

¿Y desde dónde argumento yo, desde donde hablo? Estas ideas que estoy planteando no tienen una argumentación empírica ni lógica, no hay ningún argumento que establezca que lo que digo es completamente cierto. No pretendo eso y de hecho no me parece necesario. Es más, si lo aceptaras como completamente cierto no lo pensarías y se perdería el objetivo de escribir esto. Lo único que estoy haciendo aquí es presentárselos a tus propias experiencias y reflexiones personales, y ver si te resuena. Cómo creo que compartimos en algún nivel una comunidad de verdad me parece que de hecho hay cierta posibilidad de que compartamos algunos de estos puntos de vista, y si no es así, es esta una vía posible para construir juntos nuestras verdades en caso que queramos conformar una comunidad de verdad. 

Lo que hace relevante para mí de haber escrito este texto hasta aquí, radica en mi creencia de que nosotros construimos nuestras comunidades de verdad, y esto es, que nosotros construimos nuestras verdades, y ésta es una manera de construirlas, conversando. Si hay algo que es lo principal que quiero transmitir con todas estas palabras, es que es tarea nuestra construir lo que creemos y consideramos verdad, que nuestra forma de ver y vivir la vida cambia con nosotros, la elegimos día a día, en la medida en que otras maneras de vivirla van quedando atrás con quienes ya no están con nosotros. Las tradiciones se vician intentando mantener sus verdades proyectadas a un futuro, para no dejar de existir, pero me parece tarea del hombre reinventar sus tradiciones, por mucho que decir eso suene contradictorio, y volver a diseñar sus propios ritos, y volver a reescribir sus mitos. La verdad entendida así es un ente en constante cambio que nace y muere con las personas, que se inventa de nuevo cada vez, que tampoco conoce su futuro y a veces debe dejar atrás su pasado.

Gracias por acompañarme hasta aquí en esta reflexión, que carece completamente de sentido, fuera de toda comunidad de verdad. 

Nicolás. 

 

 

 

 

 

 

 

Nicolas AmaroComment